lunes, 3 de diciembre de 2007

Progreso

Pienso en el progreso como la construcción de rascacielos. Sobre una buena base, comenzamos a construir plantas y más plantas. Según el edificio avanza, cada nueva planta resulta mucho más fácil de levantar que la anterior. Pasar de la planta cero a la planta uno resulta todo un triunfo y subir la ciento uno sobre la cien, es ya un juego de niños. Parece que podemos edificar plantas y plantas sin parar. Pero si nos olvidamos de la base, de reforzar y mantener lo que sirve de apoyo al edificio, estamos corriendo un riesgo enorme. El edificio bien calculado soporta la carga prevista, no más, y no podemos alegremente modificar la obra sobre la marcha y seguir ascendiendo sin control. Puede llegar un día en el que el rascacielos se tambalee, o que una perturbación en la cima lo haga derrumbarse ante nuestros ojos en un periquete.

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